El sol de la tarde teñía de un cálido tono dorado la calle. El tiempo se estancó durante un rato, mientras me entretenía viendo a través de la ventana del restaurante, pensando, imaginando cosas.
-Un café, por favor- respondí mientras una mujer con un pequeño perro desfilaban frente a mi al otro lado de la calle.
Seguí esperando por la única razón de que no tenía mucho más que hacer. Ésa es la verdad. La demora ya era de casi media hora, y ni siquiera se había tomado la molestia de llamar por teléfono. Siempre ha sido así.
Tomé una servilleta de papel mientras traían la taza con café, saqué la pluma y empecé a dibujar algunso rostros que me venían a la cabeza mientras intentaba mitigar la espera. Era una tarde tranquila, casi desierta de nos er por elpaso accidental de algunos coches que se paseaban lentamente por el asfalto.
Arrojé un profundo suspiro de resignación mientras di el primer sorbo al café. Le faltaba azúcar. Pensé que este sería un buen momento para leer un libro, pero me había salido sin nada más que una pluma y la cartera. Miré las estáticas manecillas del reloj que descansaba sobre una de las paredes junto a la caja. Habían pasado solamente un par de minutos desde la última vez que lo vi.
En eso sonó el teléfono. Revisé el mensaje de texto que decía: "esperame ahí no tardo".
-Qué novedad- me dije a mi mismo mientras guardaba de nueva cuenta el teléfono en el pantalón. Por lo menos, significa que vendrá.
Comenzaba a desesperarme. Podía entender el retraso por el exeso de tráfico o por la toma de calles por parte de alguna manifestación, de esas tan comúnes por aquí. Pero no, era domingo, las calles estan vacías. Y yo aquí esperando sin ana más que hacer. Me resistí a darle el último trago, pero no se, sería la sed o quizá el fastidio lo que me hizo terminar el café.
Se acercó la mesera ofreciéndome algo más. "No gracias, espero a alguien", dije son cierto aire de abandono y esa risita estúpida que me sale cuano gana el nerviosismo.
La noche empezaba a aparecer y sólo tenía un mensaje de texto en el teléfono. Intenté marcarle por tercera, cuarta, quizá quinta vez, pero nada. Pensé que sería bueno marcharme de una vez, después de todo aún no había perdido la dignidad, bueno, aún no toda, pero después pense en el fastidio que me provocaba pasar horas en el cuarto, cambiando de canal sin ecnontrar nada una y otra vez. Rectifiqué mi postura, después de contemplar una vez más la tranquilidad que proporcionaba la afable noche que recién aparecía.
-Otro café, por favor.
viernes, septiembre 15, 2006
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