martes, septiembre 02, 2008

La calma aparente


octubre de 2007

MANUEL HERNÁNDEZ

Las paredes hablan, protestan y retratan una realidad silenciosa, a pesar de que las constantes capas de pintura intentan cubrir una herida que no ha sanado. Luego de que Oaxaca se convirtiera en un campo de batalla entre el gobierno de Ulises Ruíz y un diverso número de agrupaciones sociales que conformaron la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO), la capital del estado vive un periodo de paz aparente mientras la violencia, el desempleo y una nueva crisis dentro del Sindicato Nacional de los Trabajadores de la Educación (SNTE) aparecen como una amenaza latente para que se produzca otro conflicto social a tan sólo unos días de que se realicen las elecciones del domingo 7 de octubra, en las que se renovarán 152 alcaldías en todo el estado.

Parece difícil pensar que la capital oaxaqueña fue un campo de batalla hace unos meses. A tan sólo unos días de la elección para presidente municipal, la gente realiza la mayor parte de sus actividades cotidianas de forma apacible, mientras la banda del departamento de policía interpreta algunas melodías en el centro de la plaza principal, a un costado del Palacio de Gobierno. Sin embargo, los edificios de las principales calles del primer cuadro de la ciudad se encuentran tapizados con reclamos y denuncias en contra del régimen de Ulises Ruíz, un claro síntoma de que el descontento social continúa vigente, algo que no han podido ocultas las múltiples capas de pintura que intentan borrar el recuerdo de aquellos días marcados por la violencia.

“El clima que se vive es la criminalización de la protesta, estigmatización de los líderes sociales, terrorismo de estado y amenazas de violencia a través de grupos paramilitares, porros o incluso el narcotráfico. También está creciendo la migración por falta de empleo, además del que ya existía, y un proceso de descomposición de la vida social, con la aparición de pandillerismo. Es una sociedad enferma que corre el riesgo de colapsarse. Es una situación muy grave que continúa en estado latente”, indicó el doctor Víctor Raúl Martínez Vázquez, especialista del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Benito Juárez de Oaxaca, quien agregó que un sector de la sociedad oaxaqueña vive con miedo a la represión oficial mientras se multiplican los problemas administrativos.

“La participación pública y abierta ha disminuido. Después de la represión tan brutal que hubo en noviembre y diciembre del año pasado, hay una calma chicha, un temor de mucha gente que conoció la violencia institucional que trajo la presencia de la PFP y que se ha mantenido con el entrenamiento de las tropas locales y la adquisición de armamento, así como el acoso a muchos de los activistas que participaron en algunos eventos, incluyendo la represión a los defensores de los derechos humanos por delitos inventados. Lo que se dio fue una especie de aplastamiento del movimiento y ahora estamos viviendo sus secuelas. Las causas del movimiento se mantienen vigentes debido al autoritarismo que existe en Oaxaca, ya que vivimos un estado parapoliciaco en el que no sólo no se han podido resolver los problemas que lo originaron, sino los problemas que se crearon después, como la confrontación de los maestros”, expresó Martínez Vázquez.

Los reclamos son muchos y en muchas direcciones, tal como lo expresó el pintor Francisco Toledo, un referente dentro de la vida política y cultural de Oaxaca, al asegurar que es necesario combatir la impunidad que se vivió durante el conflicto magisterial.

"Hay que hacer justicia a las viudas, abrir expedientes para determinar a los responsables. Los muertos ya están muertos y no se puede hacer otra cosa, pero creo que es importante que se haga justicia", indicó Toledo.

De la misma forma, el sistema educativo de Oaxaca está muy lejos de resolver sus problemas. Mientras la sección 22 del SNTE mantenía un prolongado paro de labores durante 2006, el gobierno estatal decidió crear la sección 59, con el fin de que los estudiantes regresaran a las aulas mientras se solucionaba el problema magisterial.

Sin embargo, una vez terminado el conflicto, las secciones 22 y 59 del SNTE iniciaron la confrontación por el control del sistema educativo en Oaxaca, lo cual generó un nuevo problema administrativo dentro del gobierno de Ulises Ruíz, ya que incluso, el Instituto Estatal de Educación Pública ha tenido que crear un nuevo aparato burocrático para atender a la nueva sección sindical.

Además, existe un problema más en cuanto a la validación de documentos oficiales por parte de las autoridades educativas, ya que durante el paro de labores, se crearon nuevas escuelas para que los estudiantes no perdieran el año escolar, aunque ahora, la sección 22 del SNTE no reconoce la emisión de certificados provenientes de la sección 59, lo cual ha generado la inconformidad entre los padres de familia y una crisis institucional que el gobierno no ha sido capaz de resolver y que crece paulatinamente, ya que los enfrentamientos entre ambos grupos se han agudizado.

En días recientes, la sección 59 del SNTE creó el Frente Organizado de Ciudadanos Oaxaqueños (FOCO) como un movimiento en efensa de la educación pública en Oaxaca y otras demandas de la ciudadanía, cuyos dirigentes amenazaron con boicotear las elecciones para presidentes municipales, mientras que la sección 22, que agrupa a un total de 70 mil trabajadores, emprendieron un paro de labores desde el lunes primero de octubre para ejercer presión sobre el gobierno estatal, para recuperar el control de las escuelas que mantiene su contraparte sindical. Mientras tanto, un millón 200 mil niños oaxaqueños continúan perdiendo clases.

Sin embargo, la violencia en diversas regiones del estado se ha convertido en la principal preocupación en el estado, ya que la aparición del Cartel del Golfo y su brazo armado, los Zetas, ha emprendido una lucha por adueñarse del control del territorio del Istmo de Tehuantepec, en donde se presentan los principales focos rojos para las autoridades, ya que se han registrado más de 20 levantones y 10 narcoejecuciones desde el mes de junio, siendo el municipio de Juchitán, donde se ha intensificado la violencia.

Esto ha provocado la intervencíón continua participación del ejército mexicano y la Policía Federal Preventiva en operativos de seguridad, ya que además de los problemas vinculados al narcotráfico, las autoridades han puesto especial atención en diversos puntos estratégicos en Oaxaca que podrían ser blanco de ataques por parte del Ejército Popular Revolucionario (EPR), organización vinculada a la APPO según información de la Secretaría de Gobernación.

Así mismo, el secuestro se ha convertido en otro dolor de cabeza para las corporaciones policiacas, ya que en los últimos meses las cifras se han elevado considerablemente, siendo el caso del empresario gasolinero Nicolás Rushke, uno de los que más llamó la atención entre la prensa local, pese a que fue liberado el pasado 16 de agosto, luego de permanecer privado de su libertad por 10 días, tras ser abordado por un comando armado que exigió 10 millones de pesos como rescate.

Por otra parte, la economía de Oaxaca no ha podido restablecerse del impacto que tuvo la crisis social, siendo el sector turístico el más perjudicado, ya que además de las pérdidas que dejó el conflicto en la industria hotelera, el gobierno estatal y federal ha inyectado una cantidad importante de recursos para tratar de revertir la problemática.

“La mayoría de los hoteles siguen en términos de quiebra; cerraron más de 30 hoteles en Oaxaca, de los cuales sólo cinco han tenido que cerrar sus puertas definitivamente, ya que muchos han reabierto después del conflicto”, reconoció Sergio Andrés Bello, presidente de la Asociación de hoteles y moteles de Oaxaca, quien estimó que las pérdidas en la industria hotelera superan los mil millones de pesos luego de que perder cerca de 350 mil turistas tras el conflicto.

“A nivel hotelero estamos hablando arriba de los mil 500 millones de pesos. Perdimos casi 4 mil empleos directos y cerca de 10 o 12 mil de forma indirecta. Acabo de recibir la contestación del Consejo de Promoción Turística sobre las cifras que se han invertido en promoción, las cuales son 43 millones de pesos más otros tantos que ha puesto el gobierno estatal, sin contar con lo que se invirtió anteriormente. Estamos hablando fácilmente de entre 150 o 200 millones de pesos en todo el estado para poder despegar otra vez”, expresó Bello.

lunes, enero 08, 2007

Mudos

Permanecí sentado frente a la pantalla de la computadora durante varias horas, mientras la noche se convertía en día paulatinamente. Estaba ahí, sentado, pensativo y molesto, como si me hubiera perdido en algún remoto lugar de mi cabeza sin saber dónde. Permanecí sentado, viendo el transcurrir de las horas sin que las palabras fluyeran. Escuché a Silvio y leí a Hernández, pero nada resultó. El nudo en el pecho continuaba intacto. Quería gritar, pero me di cuenta de que enmudecí, así, de repente.

miércoles, noviembre 08, 2006

Don Tinieblas I

Tenía días tratando de conseguir la entrevista hasta que por fin accedió. Quedamos de vernos en su casa, ubicada a las espaldas del aeripuerto capitalino, a eso del medio día. Encontré a Gonzálo, fotógrafo del diario en el que trabajaba, bajando por las escaleras del metro. Cuando llegamos nos recibió una muchacha, quien nos condujo hasta una sala al interior de la casa. Mientras mirábamos algunas fotografías en la sala, apareció de la nada, caminando a través de la estrecha puerta que de inmediato acentuaba su gran estatura; apareció con la máscara puesta, camisa y pantalón casual, portando un par de tenis. Fue así que conocí a Tinieblas. "Todo una leyenda", pensé mientras estrechaba su corpulenta mano y tomábamos asiento. Los motivos de la entrevista no estaban del todo claros, ya que la intención primordial era sacar algunas fotografías para sacar un especial sobre luchadores veteranos, en el que figuraba como la pieza central de la nota al continuar en los encordados a la edad de 67 años. Y contando. Sin embargo, no quise dejar pasar la oportunidad de platicar con él y preguntarle algunos detalles sobre su vida y sobre cómo veía a las nuevas generaciones de luchadores.
Una vez que encendí la grabadora y tomamos nuestras posiciones, comenzamos las preguntas acostumbradas. Su ronca voz fluía de forma natural, el señor era un conversador nato o una guacamaya como él mismo refería. Mientras empezaba a relatarnos las ideas centrales de su proyecto de despedida, programada para dentro de uno o dos años, una vez que hubiera completado una extensa gira nacional e internacional en diversos cuadriláteros de todo el orbe, me entretenía buscando algún rasgo que me proporcionara algún indicio de su fisonomía. La malla negra que cubría su rostro impedía conocer el mínimo detalle de su faz, a diferencia de otros gladiadores que usan máscara y que es posible verles la boca o los ojos. No veía nada a través de ese oscuro vacío, de no ser por el pequeño volumen que producía su nariz. Entendí el porqué del nombre.
"Nunca pensé en ser luchador", confesaba la leyenda del pancracio mientras detallaba la forma en que la lucha entró en su vida de repente, por mera casualidad y sin forzar nada. Todo se fue dando poco a poco, hasta que se le metió el "gusanito" de saltar a la arena y ser ovacionado por el público, adquirir una doble identidad similar a la de los superhéroes de las tiras cómicas de la época de oro. Empezó como doble de cineo encarnando a algunos monstruos como Frankenstein en algunas películas del Santo, luego de que, también por azahres del destino, fue reclutado por una productora independiente para participar en algunos filmes, gracias a sus imponentes condiciones físicas que de inmediato llamaban la atención de los realizadores.

jueves, noviembre 02, 2006

Humberto Ramírez

Sonó el celular y contesté todavía medio dormido. "Murió Humberto Ramírez", fue la primer frase que escuche en el día. Deduje todo lo demás. Me levante de la cama despacio, sin hacer ruido para no despertarla. Me puse el pantalón y la camisa a medio abrochar, con los zapatos en la mano para ponermelos al salir.
-¿A dónde vas a esta hora?- me preguntó con la voz ronca y con cierto enfado. No era la primera vez que discutíamos por cosas como esta.
-Humberto está muerto. Debo ir- contesté mientras ella abría los ojos llenos de sorpresa y se levantaba ligeramente hasta recargar su espalda en la pared.
Regresé y me despedí con un beso. Estaba desnuda, apenas cubierta por algunas sábanas iluminadas por los primeros rayos solares que penetraban a través del ventanal.
Salí con prisa, ya casi era hora del entierro y aún tenía que pasar a mi casa por algunas cosas antes de arribar a la funeraria. Mientras el autobús caminaba lenta y torpemente por calles llenas de autos inmóviles, no pude evitar pensar en Humberto. No lo conocí muy bien, pero aún así, siempre había despertado en mí, cierta admiración, a pesar de su alcoholismo, sus excesos y sus estupideces. Todavía corría por el barrio aquella anécdota de cuando lo tuvieron que sacar de un congal minutos antes de que empezara la función. Estaba inconciente, ahogado ron, recostado sobre uno de los sillones que aún olían a sexo. Tuvieron que ponerle hielo en los testículos y darle una taza de café para revivirlo. Lo lanzaron al escenario sin que supiera que demonios pasaba. Y aún así, tocó como si todo hubiera sido parte del plan, como si fuera la última vez que pisaba un escenario con una guitarra bajo el brazo, la voz hecha pedazos, resquebrajándose en melancólicas melodías que inevitablemente penetraban hasta el interior de cada uno de los asistentes. Ahora estaba muerto.
Cuando llegué a la funeraria estaba irreconocible. Era otra persona en comparación a la última vez que lo vi. Ahí estaba, frío, rígido, callado, delimitado por la placa de cristal que se impedía el contacto físico con sus restos.
-Pocos como él- pensé mientras observaba las personas que desfilaban en silencio a través de los largos pasillos de la funeraria para darle una última despedida. No había mucha gente, sólo algunos familiares y amigos de antaño, cuando las interminables giras por centro y sudamérica eran épicas travesías, llenas de aventuras, amores y recuerdos que se acrecentaban en cada parada.
A un costado del féretro yacía una fotografía en blanco y negro junto a una veladora y algunos arreglos florales. Hubiera querido que lo enterraran con su guitarra, aquel viejo pedazo de madera con cuerdas que se había perdido en alguno de sus excesos.
Si había empezado a tocar la guitarra había sido por él. Aún recuerdo la primera vez que lo vi tocar de noche, a las afueras de un bar. Estaba sentado en el piso, con la luz de neón pegándole de lleno en la cara mientras ejecutaba con una maestría asombrosa lascivos acordes que llenaban el espacio y cortaban la carne como si se tratara de un carnívoro cuchillo o algún poema de Hernández. Tocaba movido por la inercia, tocaba para mitigar el dolor acumulado por tantos años que terminó por matarlo una noche gris de otoño. Apenas podía sostenerse. Era como si se aferrara únicamente a su guitarra. No tenía nada más a que aferrarse.
Quien lo conoció bien, cuenta que incluso ahora era mejor músico que antes, a pesar de estar medio loco y medio enfermo. Era como si su alma se hubiera despojado de todo peso y quedara ahí, expuest, desnuda y sensible a todo. La fluidez de sus dedos deleitaba a los transehuntes que se detenían en ese vaivén hipnótico y provocativo que deleitaba el alma, cantando tristezas con al voz aguardientosa, áspera y titubeante.
Lo había tenido todo y lo perdió todo. Asi nada más. Cuando supo que su esposa esperaba un hijo de otro fue el final. Era el pretexto idóneo para materializar un plan absurdo y autodestructivo que tenía en mente desde hacía años. Se bebió todo lo que tenía, incluída la dignidad. Intentó morirse varias veces pero no lo consiguió. No tenía la sangre tan fría como para atreverse a hacerlo.
Ahí estaba yo, recordando la vida de aquel hombre a quien apenas conocía y que había significado tanto para mí. Tomé mis cosas y me marche a una de las cantinas que frecuentaba para que alguien pudiera contarme su historia mientras curaba mi ansiedad con un vacío vaso de rony seis cuerdas que lloraran su muerte.

viernes, octubre 20, 2006

Tepozteco

Desperté a las doce y pensé que ya era demasiado tarde para emprender el viaje. De pronto, las imagenes de mi mismo frente a la computadora y viendo la tele me llenaron de tedio e hicieron que de un salto me levantara de la cama, acomodara la colcha, echara algunas cosas a la maleta y saliera de casa. Mientras atravesaba la ciudad montado en el autobus, empezó la incertidumbre. No sabía exactamente a dónde iba, solo sabía que desde hacía un rato tenía la idea de visitar Tepoztlan y nunca había podido.
Llegué a la central camionera y compré un boleto. Una vez arriba del autobus, pretendía dormir un rato mientras nos dirigíamos a la carretera. Sin embargo, la película que pasaron en el autobús me mantuvo despierto todo el camino. Contaba la historia de dos alpinistas, basada en un hecho real, que milagrosamente sobrevivieron tras una fallida expedición a una de las cumbres andinas del Perú. El final del relato quedó pendiente porque tuve que tomar mis cosas y bajar en la terminal de Tepoztlán, para después, tomar un taxi que me llavara al centro de la aldea. Las primeras imagenes de aquel poblado custodiado por el imponente cerro del Tepozteco fueron sorprendentes. Parecía como si el tiempo hubiera quedado suspendido en aquel lugar, o quizá simplemente, el tiempo se había olvidado transitar por ahí desde hace quinientos años. Era una perfecta postal colonial que podría confundirse con la iliustración de algún libro de historia de no ser por algunos anuncios de Coca Cola y el paso de algunos coches a través de las empedradas calles. Las dos torres de la catedral despuntaban en el cielo seminublado mientras los mercaderes levantaban sus puestos, bañados por la cálida luz dorada del atardecer que se extendía por la plaza principal...

miércoles, octubre 18, 2006

SANTA MUERTE

Se encomienda a fuerzas del más allá

MANUEL HERNÁNDEZ
Con el riesgo que implica un deporte como la lucha libre, hombres de gran espiritualidad como Místico saben que nunca está de más una ayuda extra para salir sin heridas durante cada batalla, sobretodo, si la ayuda proviene de fuerzas sobrenaturales.
Luego de que RÉCORD publicara un pequeño adelanto de lo que será el comic del ‘Príncipe de Plata y Oro’, en donde aparece el gladiador en una de las viñetas encomendándose a la Vírgen de Guadalupe y a la Santa Muerte a la hora de ejecutar uno de sus acostumbrados y espectaculares lances desde la tercera cuerda, Místico reconoció ser un fiel creyente de ambas deidades.
“Soy creyente de la Santa Virgen y la Santa Muerte también”, comentó el enmascarado en entrevista vía telefónica cuando se le preguntó si en verdad profesaba dichas creencias o sólo era parte del guión de la historieta, la cual contiene algunos pasajes autobiográficos.
Asimismo, Místico negó la posibilidad de que la creencia en una deidad no reconocida por la iglesia católica pudiera afectar su imagen, debido a que se formó bajo la tutela de Fray Tormenta, quien durante algún tiempo tuvo que intercalar la lucha libre con su carrera como sacerdote católico para poder costear los costos de la casa hogar que dirigía.
“No creo, no tiene nada que ver una cosa con la otra”, contestó de manera seria el máximo ídolo de la lucha libre nacional, quien agregó no estar al tanto de los contenidos del material editorial, además de los planes de comercialización que rodean el nombre de Místico.
“No se que vaya a pasar con todo eso, hablé con los encargados hace tiempo, pero no me han dicho cuando sale ni nada. Más adelante sale la marca como tal, pero no sé hasta cuando”, apuntó.
Por su parte, Fray Tormenta expresó que respeta la diferencia en cuanto a credos con su protegido, aunque no tiene la misma opinión en cuanto a la creencia de la Santa Muerte.
“Yo respeto lo que Místico crea, pero no lo comparto. No estoy de acuerdo en darle culto a la Santa Muerte. ¿Todavía porque me va a llevar le voy a rendir culto? Para nada, yo le rindo culto a Dios, pero a la muerte no”, dijo Fray Tormenta, quien negó sentirse molesto por la diferencia ideológica con Místico.
“A mi me da igual, no es un pecado mortal ni mucho menos. El venerar o no venerar a la muerte es algo personal que no hay por qué escandalizarse, yo me escandalizaría si le rindiera culto al diablo, entonces sí. No es para pegar el grito al cielo”, finalizó.



Aún le falta
Fray Tormenta manifestó sentirse orgulloso de lo que su discípulo ha conseguido en tan poco tiempo dentro de la lucha libre nacional, aunque negó que actualmente, Místico pueda compararse con lo que hizo El Santo, ya que algunos conocedores empiezan a comparar el fenómeno del ‘Príncipe de Plata y Oro’ con lo que en su tiempo fue el ‘Enmascarado de Plata’.
“Yo siempre he dicho que tiene ese don de Dios para subir como la espuma, pero la gente es la que lo ha puesto ahí, pero como El Santo no, mis respetos para él, porque una leyenda se hace con el tiempo”, explicó Fray Tormenta, quien agregó que a pesar de estar aún lejos, Místico podría escalar hasta la cima de la lucha libre si mantiene los pies en la tierra.
“Si conserva la humildad y la sencillez, Místico podría llegar ahí”, dijo.
MANUEL HERNÁNDEZ




El Brujo Mayor explica la muerte

MANUEL HERNÁNDEZ
A pesar de que el culto a la muerte en México proviene desde los tiempos anteriores a la conquista, su significado ha sido distorsionado por algunos sectores sociales que la han satanizado, según explicó el profesor Antonio Vázquez Alba, mejor conocido como el Brujo Mayor.
“Es una creencia ancestral precolombina. Se adoraba a través de la señora del Mictlán, que vivía en el inframundo y era representada por una calavera. En aquel tiempo no era un culto demoníaco o terrorífica como hoy se trata de hacer. Al nacer, había que adorarla porque era quien nos cuidaba, quien otorgaba la vida hasta el último día y se le pedía que cuando llegara el momento, fuera un proceso tranquilo y sin dolor”, explicó el especialista, quien actualmente dirige una exposición dedicada a la Santa Muerte en el Museo Umbral, ubicado en la colonia Santa María la Ribera.
“Originalmente, el culto a la Santa Muerte no tiene nada que ver con ocultismo o creencias demoniacas, pero la iglesia católica se ha dedicado a desacreditarla, se le ha relacionado con el pecado con todo lo malo. Esta creencia es un culto totalmente libre, no pertenece a ninguna iglesia o algún orden sacerdotal”, comentó Don Antonio, a quien le fue conferido el título de Brujo Mayor durante una ceremonia tras la muerte de su antecesor.
Además, explicó que la muerte la gente suele relacionar la muerte con algo negativo, lo cual no es así, ya que es algo inevitable dentro de la existencia humana con lo que debemos aprender a convivir.
“A la Santa Muerte le gustan muchísimo las flores, el incienso, el vino y la música, es una Santa muy feliz, le gusta la fiesta. El drama está en que representa a la muerte y a todos los humanos nos causa un poco de miedo, pero es raro, porque es un fenómeno que nadie va a poder evadir. Se piensa que es algo malo porque es un esqueleto, pero así es la muerte que todos llevamos dentro. Casi todas las religiones nos han enseñado que la muerte es un drama y no es así”, finalizó.

miércoles, octubre 04, 2006

Aún muy lejos

-¡Miren cabrones, ahí está el otro lado!- exclamó el chofer de la camioneta mientras veíamos como una extensa, fría e interminable línea de lámina roja delimitaba simétricamente dos mundos opuestos, contrastantes, ajenos.
-Tan cerca y a la vez tan lejos- me decía a mi mismo mientras contemplaba los rostros de los compañeros, llenos de asombro y cansancio, con cierto aire de tristeza, luego del largo viaje que al parecer, llegaría pronto a su fin.
El ambiente en la parte posterior de la camioneta había cambiado rápidamente. Por fin habíamos llegado a la frontera, el trato con el pollero estaba arreglado y saldríamos por la mañana, o al menos eso era lo que nos había dicho en un principio.
-Ya no hay marcha atrás- pensaba mientras intentaba controlar las manos trémulas de miedo y el frío viento nos cortaba la cara al caer la noche. Estábamos ahí, desprotegidos y vulnerables en ese lejano punto perdido del mapa, en donde no había nada más que tierra y un muro de lámina.
-Tengo miedo- comentó Jorge, mi cuñado, quien apenas alcanzaba los veinte.
-Lo sé- respondí sin saber qué contestar. Después de todo, él fue el que quiso venir hasta aca. Hubiera preferido que se quedara con la Maria y la chiquita, pero lamentablemente ésta es la única forma de no morirnos de hambre. Si las cosas salen como nos contó el Pepe, y nos dan trabajo en la pizca de cebolla, o en cualquier otro lugar, quizá hasta podamos hacernos de una camioneta en un par de añitos.
Sólo podíamos soñar y alentarnos a nosotros mismos. Empezábamos a sentirnos solos, tan alejados de todo y de todos. Nos invadió una amarga nostalgia a pesar de que todavía no iniciábamos la partida. Sólo hasta ese momento comprendimos el riesgo que implicaba cruzar hacia los Estados Unidos, podían pasar muchas cosas en el camino, la gente muere todos los días en lugares comoe stos sin que nadie se entere. Podría ser el hambre, la sed, el cansancio o la migra en el mejor de los casos.
Algunas lágrimas brotaron de los ojos de la demás gente que se encontraba impaciente, nerviosa y con las piernas entumidas tras el largo y cansado trayecto de más de dos horas.
Por fin llegamos a una pequeña casa, ubicada en las afueras de Tijuana. Ahí descansaríamos durante algún tiempo, hasta que el pollero decidiera que era hora de partir. Así esuvimos un par de días, comiendo algunos sandwiches y tomando refrescos mientras pensábamos en nuestras familias. Éramos cerca de quince personas, entre las cuales había tres mujeres. Sin embargo nadie hablaba mucho, a pesar de que algunos como un tal Ramón, no dejaban de hablar. Había personas de todo el país, personas que dejaron todo con tal de cumplir con la meta, llegar allá en buenas condiciones y materializar el famosos sueño americano.
Permanecimos ahí, esperando ansiosos, intentando dormir en el suelo con algunas cobijas y chamarras que mitigaban el lascivo frío del norte.
-Es hora, nos vamos en la madrugada, por eso de las tres- comentó el pollero un par de días después de nuestra llegada.
Partimos en la noche. Estábamos cansados y mal dormidos, pero ni modo, teníamos que acoplarnos a las circunstancias. Pensé una vez más en la María y Lupita, la chiquita. Pensé en todos los días que había esperado este día y el miedo que sentía ahora que se hacía realidad.
Viajamos en camioneta hasta entrar a un camino de terracería, pero al llegar a un pronunciado cerro lleno de huizaches, tuvimos que seguir a pie.
El pollero nos había dado algunas instrucciones antes de iniciar la aventura. Nos dijo que a unos diez kilómetros estaría otra camioneta esperándonos.
Miré a Jorge, quien ahora estaba ahí, en medio del desierto, jugándose la vida y convirtiéndose en hombre.
-¿Listo Jorge?- pregunté mientras el muchacho asentía con loa cabeza.
Iniciamos la caminata con problemas. La cerrada noche nos impedía ver el camino por donde pisábamos. Teníamos que caminar a ciegas y en silencio, mientras el pollero revisaba la ruta buscando algunas luces que indicaran la presencia de la Border Patrol. Seguimos la travesía hasta el amanecer. Me parecía que habíamos caminado casi los diez kilómetros después de un par de horas, pero el miedo empezó a hacer que el corazón se agitara violentamente, como si quisiera escapar del pecho, cuando después de un largo trecho andado, el pollero comentó que aún no íbamos ni a la mitad.
El sol empezaba a caer con fuerza. Llevábamos algunas botellas de agua que poco a poco se fueron terminando mientras la boca se secaba con mayor rapidez. Una de las mujeres que iba con nosotros se quedó atrás. Algunos pidieron al pollero que esperara a la mujer pero no quiso, ya que según él esperarla significaría poner en riesgo la vida de los demás, mientras algunos otros se quedaban con ella intentando que la señora recobrara las fuerzas. Nunca volvimos a saber de ellos.
Al medio día, con casi nueve horas de camino, los zapatos empezaban a lastimar las plantas de los pies, producto de las ampollas. El sofocante calor empezaba a hacer estragos hasta que finalmente terminè por irme de frente contra el suelo debido a una ligera insolación. Jorge me levantó y me dio lo poco que aun le sobraba de agua. Sabíamos que detenernos, significarìa una muerte segura, ya que estábamos perdidos y en medio del desierto.
-Shhhhht... cállense, creo que oí algo- comentó el pollero, quien detuvo la marcha intempestivamente mientras revisaba el terreno.
Permanecimos inmóviles, quietos y atentos hasta que pasó la falsa alarma. Continuamos la larga caminata hasta que entrada la tarde, se alcanzaban a observar algunos edificios a lo lejos.
-Mira Francisco, Estados Unidos- sonrió mi cuñado al tiempo que me detuve para respirar un poco y descansar las piernas.
-Sí, por fin- contesté nada más para hacerlo sentir un poco mejor.
Nos escondimos atrás de unos huizaches llenos de espinas en donde el pollero nos prometió que volvería con la camioneta.
-No mames cabrón, tu nos prometiste que caminaríamos diez kilómetros y llevamos más de medio día y además de todo ¿piensas dejarnos aquí esperando mientras te largas por la camioneta?- repuso un sujeto robusto y moreno mientras manoteaba violentamente en contra del pollero.
Sin embargo, un disparo selló la conversación. Con la garganta seca, quedámos inmóviles, sorprendidos y aterrados. Era la migra. Cada uno saliò corriendo a toda velocidad a través del acidentado camino, mientras los patrulleros daban órdenes que nadie entendía por el altavoz.
Me arrojé contra algunos arbustos y piedras para esconderme hasta que pasara el peligro. Empecé a llorar cuando me percaté de que habia perdido al Jorge en la corretiza. Sonó otro disparo, acompañado de un violento grito de dolor. Miré a través de las ramas y alcanzé a observar un cuerpo inerte que rodaba cuesta abajo por la ladera hasta que finalmente quedó en el suelo, inerte, con un aire terriblemente fúnebre, triste, desolador, mientras un estrecho río carmesí recorría la pierna del sujet hasta desembocar en un pequeño charco de sangre. Me dieron ganas de gritar, de salir de ahí, de hacer algo pero el temor me lo impidió. Permanecí quieto varias horas después de que se marcharon los patrulleros. Solo me quedó un amargo y profundo sentimiento de soledad mientras permanecìa en medio de la nada, ahogado en remordimientos y culpas por no haber salido a buscar a Jorge.
Me duelen las piernas, pero no tengo remedio. Estoy sediento y exhausto, pero la noche se avecina y no tengo conozco el camino. Desde aquí, las barras y las estrellas aún se ven muy lejos.